A menudo nuestro subconsciente trabaja sin que nosotros nos demos cuenta de ello y nos incita a realizar cosas o emitir juicios sin ser conscientes del hecho que nos ha llevado a tomar esa decisión.

Siempre me ha llamado mucho la atención un estudio que se realizo a los pasajeros de dos vuelos comerciales. La única diferencia entre los dos vuelos fue el hecho de que en uno de ellos las mesillas plegables no se habían limpiado y tenían diversas manchas de café, mientras que en el otro se habían limpiado.

A cada uno de los pasajes se les realizó un cuestionario en el que se preguntaba acerca de la calidad del servicio en el mantenimiento de los motores del avión en el que habían viajado. Evidentemente, ninguno de los viajeros tenía ni idea de cómo podía ser dicho servicio, sin embargo la valoración fue muy superior en el pasaje cuyas mesas estaban limpias en comparación con el otro grupo.

Nuestro cerebro crea automáticamente un criterio en función de los datos que tiene y sugiere que si la limpieza del avión es deficiente probablemente el mantenimiento de los motores vaya en la misma línea.

En el día a día, cada uno de nosotros toma muchas decisiones sin ser conscientes de las mismas, muchas más de las que creemos. O basándonos en impresiones que han llegado a nuestra mente a través de nuestro subconsciente.

A menudo, una persona nos cae bien o mal sin apenas conocerla, es entonces cuando nuestra mente está pensando por nosotros. El hecho de que nuestro subconsciente piense por nosotros directamente nos ayuda a tomar decisiones más rápidamente, aunque en algún caso nos pueda llevar a tomar una decisión equivocada.

El marketing debe ser muy cuidadoso a la hora de dar a conocer los productos. Los consumidores detectan fallos y virtudes consciente e inconscientemente y eso les puede llevar a odiar o amar un producto por pequeños detalles.

Está constado que en test ciegos de bebidas alcohólicas o cigarrillos el consumidor habitual no es capaz de distinguir primeras marcas de las marcas más baratas. Sin embargo, a la hora de testar el producto con la marca presente el consumidor cree diferenciar fácilmente uno de otro.

Si queréis experimentar la fuerza del subconsciente en vuestras propias carnes os plantearé la siguiente cuestión. Si os pregunto si seríais capaces de distinguir el vino Don Simón blanco del tinto me imagino que la mayoría diría que sin problemas. Es más, si realizáis la prueba con los ojos abiertos considerareis que no tendréis grandes problemas para identificar uno u otro. Sin embargo, si hacéis una prueba con los ojos cerrados os daréis cuenta que no es tan fácil distinguirlos, de hecho es prácticamente imposible.